sábado, 23 de marzo de 2013

" El camaleón camaleónico "

Buenos días mig@s y amantes de los cuentos!!!
Aquí os dejo con un breve resumen de lo que los pequecuenteros y yo estuvimos haciendo en nuestro taller de cuentacuentos.
Antes de empezar debo decir que siento en el alma que halla peques que se queden fuera en el taller porque las plazas ya han sido cubiertas. Lo siento son de 25 plazas para niñ@s y 5 padres.
Habiendo cumplido objetivos, dimos fin al descubrimiento de los cinco sentidos. Ahora toca averiguar, partiendo de lo ya sabido cuál sentido estará escondido dentro del cuento de los próximos viernes.
Éste viernes localizamos al sentido del tacto dentro del cuento:
El camaleón camaleónico. De Eric Carle.




Es la historia de un camaleón que es como cualquier otro camaleón. Va cambiando de color, de verde a marrón, de marrón a rojo y de rojo a amarillo. Cuando ha comido bien y está calentito, tiende hacia el verde; en cambio cuando tiene frío y hambre, se vuelve grisáceo y apagado. Se pasa el día cazando moscas con su agilísima lengua pegajosa y no mucho más. Lleva una vida de la que no hay gran cosa que reseñar. 
 Pero un día va al zoo y se queda maravillado con todos los animales diferentes que ve. Echa un vistazo a su alrededor y comienza la acción. Ve un oso polar y desea ser tan grande y tan blanco como él. ¡Zas!, su deseo se hace realidad y crece y se blanquea. 
Ve un flamenco y desea ser tan bonito como él. ¡Zas! Su deseo se hace realidad y le crecen alas y patas de flamenco. Ve un zorro y desea tener una cola como la suya. ¡Zas! Su deseo se hace realidad, y sigue deseando hasta que acaba con aletas de pez, cornamenta de ciervo, un cuello de jirafa, un caparazón de tortuga, la cara y la trompa de un elefante y un par de extremidades de foca (mira la imagen de abajo).
De repente, ve una mosca. Nuestro amigo tiene hambre, pero ¿cómo puede alcanzar la mosca en semejante estado? Desea volver a ser él mismo. Y ¡zas! su deseo se hace realidad y recurre a su estupenda lengua pegajosa para atrapar la mosca ¡y comérsela!

Al final los pequecuenteros y una servidora decidimos que conseguir todo lo que se pide no necesariamente aporta felicidad.

Mas tarde desarrollamos una actividad,:
Colocamos una pulsera a todos los peques de diferentes texturas, y dos de ellos se vendaron los ojos. Estos peques con los ojos tapados tuvieron que reunir a través del tacto las pulseras iguales a su grupo. Lo repetimos varias veces y nos dimos cuenta que el sentido de la vista era importante para agilizar la búsqueda.

No me puedo olvidar del taller de escritura creativa, que está siendo un gran éxito entre los cuenteros mas mayores. Qué ganas tengo de que podáis escuchar esta gran historia de la mano de vuestro hij@s.
Besos con olor azahar!!



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