lunes, 15 de octubre de 2012

" La casa abandonada"


LA CASA ABANDONADA
Pilar Redondo Benítez

Érase una vez un grupo de amigos, Inés, Emma, Theo, Guillermo. Todos ellos se conocieron cuando tenían 3 años. Fue el primer día de colegio, y desde ese momento fueron inseparables. Ahora habían crecido, y se habían vuelto muy pero que muy buenos amigos. Se ayudaban unos a otros a entender aquellas asignaturas que le costaban algo de trabajo. 
Tal era el caso que se apuntaron a un concurso de habilidad, astucia e  ingenio, que preparaban todos los años al finalizar el curso académico. Éste año era diferente, el grupo de ganadores obtendría un regalo muy especial.
Las pruebas tendrían lugar en el patio del colegio, la última semana de junio, antes de las vacaciones de verano. No había tiempo que perder tendrían que apuntarse y decir cuáles serían las pruebas que iban a desarrollar y quienes lo harían. Todos estaban muy contentos y animados sería una experiencia inolvidable, ya que sería su último año en el colegio.
Sólo contaban de un mes y medio para prepararse para la gran cita. Inés pensó en quedar esa misma tarde en el club del colegio allí podrían decidir que pruebas les tocaría a cada uno.
Sobre las 16:30 horas estaban todos esperando a que abriesen las puertas del club, pero por lo visto justo al entrar estaban todas las zonas ocupadas y tuvieron que irse a otro sitio. Andando por las aceras contiguas al colegio encontraron un edificio en ruinas, quedaba muy cerca de las puertas traseras del colegio, no sabían cómo no se habían dado cuenta antes. Pensaron en entrar y echar una mirada, al estar vacío, decidieron practicar ahí todos los días.
Al entrar tuvieron un percance con el portón, al tener bastante tiempo en desuso la puerta estaba abombada, e hinchada por la humedad, los cristales rotos y totalmente opacos por la suciedad. Todo lo que miraban era ruinas tras ruinas. Pero rápidamente pensaron que podrían montar allí un club entre todos. Manos a la obra empezaron a limpiar, a desalojar los enseres de la habitación que utilizarían. Estaban tan ocupados que no se percataron de que alguien los estaba espiando desde el piso de arriba. Cuando hubieron terminado de limpiar estaban tan cansados que se fueron a sus casas y quedaron al día siguiente a la misma hora, con algo de comida no perecedera para momentos de matar el gusanillo.
Al día siguiente, justo cuando entraron en el club, notaron que alguien había estado allí, en el sofá que habían limpiado, en la alfombra que habían desempolvado. Era algo extraño por todos, pero tuvieron la misma sensación.
Colocaron todas las bolsas de patatas, panchitos, latas de refrescos, chocolate y mil cosas más en las estanterías para alguna emergencia hambruna.
Empezaron a contar chistes, a leer mucho, a formar diferentes juegos matemáticos y todo los que se les ocurría para ganar el concurso. Era muy relajante poder contar con este lugar para ellos porque estaba cerca del colegio, y de sus casas, porque solo lo sabían ellos y eso quieras que no daba vidilla. Además estaba tan bien acondicionado por el momento, que se conformaron con esa pequeña estancia. En ningún momento sintieron la necesidad de explorar la parte de arriba, puesto que apenas les quedaba tiempo para ello. Por eso no sintieron, no vieron al personaje que todos los días se acercaba a la parte superior de las escaleras para poder escuchar mejor a Emma que se esforzaba por leer en alto, entonando y parándose en cada punto, cada coma, era un placer escucharla leer. Tenía que hacerlo mejor que ningún niño pues la señorita Justina era muy estricta con el tema.
O las habilidades de Theo para crear nuevos personajes en sus increíbles historias, a través de unos dados con dibujos.
 También estaba la destreza de Guillermo, que tenía una gran habilidad con los juegos matemáticos y por último Inés, que sabía descomponer las palabras de forma veloz y sin equivocación. Entre los cuatro hacían un grupo estupendo y con su esfuerzo y trabajo en equipo podrían conseguirlo.
Había pasado varias semanas cuando de vez en cuando se daban cuenta de que les faltaban algunos que otros paquetes de patatas o chocolatinas. Ese fin de semana quedaron por primera vez para visitar el club los 4, y se llevarían bocatas para compartir y pasar allí el día.
Cuál fue la sorpresa que al entrar allí vieron como unas series de sombras salieron despavoridas para el piso superior, ellos empezaron a gritar, y cuando estaban a punto de salir por el portón de la casa una voz muy melodiosa les llamó a cada uno por su nombre. Se dieron la vuelta y no encontraron a nadie, pero la voz venía del piso superior, así que armándose de valor subieron uno detrás del otro, conteniendo la respiración, hasta que por fin llegaron al último escalón de aquella envejecida escalera. Al principio estaba tan oscuro que no vieron a varias siluetas moverse por entre las sombras y yendo de un cuarto al otro para esconderse.
En aquel preciso momento uno de estos amigos encendió la linterna de su móvil y escudriñó todas las salas hasta llegar a una que a todos les asombraron muchísimo, de lo limpia y bien situado que estaba todo.
Theo que era muy valiente y apenas sentía miedo por poca cosa, descorrió las cortinas y quitó los maderos de las ventanas que las ocultaba del gran día de sol y luz a raudales que entraba por los grandes ventanales.
Nada más sus ojos se hicieron rápidamente a la luz, se dieron cuenta que había una pandilla de cuatro niños y niñas en aquel lugar. Parecía que habían pasado la noche allí, pues sus ropas estaban manchadas y sus cabellos deslucían bastante, la falta de agua en sus cuerpos llegaba hasta sus narices. En ese momento entendieron lo que sus mamás siempre les decían, (la higiene es algo importante en la vida diaria.)
Se presentaron y juntos todos bajaron a la planta baja donde todo estaba más limpio y con una luz excelente, además habían pasado varias horas y todos tenían en sus barrigas el gusanillo del hambre.
Cuando bajaron empezaron a repartir la comida y Guillermo les preguntó que hacían allí. Todos se miraron unos a otros, y Gonzalo el mayor de los niños, se presentó y también a sus amigos Pedro, María y Sofía. Les contó que hace unos días vieron como entraban ellos y abrían el gran portón de madera. Les explicó que este era su club desde hacía dos años, así que querían asustarlos y decidieron ir todos los días antes que ellos. Pero todo salió mal, porque desde el primer día vio como Emma, Theo, Guillermo e Inés, leían, jugaban, se divertían e incluso compartían todo. Desde ese momento quisimos ser parte de vuestra pandilla.
Así que reuní a mis compañeros para este fin de semana y haríamos una acampada aquí para votar y decidir la unión con vosotros, y compartir entre las dos pandillas esta casa. Pero como no había agua, y todo estaba tan sucio… Cogimos vuestra zona limpia y acampamos aquí, picoteamos anoche de vuestra comida de emergencia. Hasta esta mañana que hemos despertado con el ruido de vosotros al entrar por el portón.
Hemos corrido y nos hemos caído arriba entre telarañas y polvo de décadas en el suelo y las paredes.
Desde ese mismo día, el club pasó de tener cuatro miembros a ocho, y lo llamaron “el gusanillo”, ¿ya sabéis porqué?

…colorín colorado este cuento se ha acabado…



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